Capítulo 0: Un Encuentro Perturbador

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Prólogo – «Un Encuentro Perturbador».
Yo, Mikagami Yuuto, soy un bastante mediocre estudiante de último año de secundaria. Mi vida cotidiana consistía en una rutina tediosa. Hasta que mis padres fallecieron de pronto en un accidente y me pregunté cómo carajo iba a lograr vivir. Oh, y no sería exagerado decir que aquel accidente atrajo la atención mundial. Pero de hecho yo ya sabía que en verdad fue un incidente siniestro o que hubo un asesino. ¡Qué lamentable!
Lo sé bien ya que mis padres fueron asesinados frente a mí pero era demasiado pequeño para soportar la conmoción y para recordar los detalles. Aunque recuerdo vagamente a cierta persona que estaba luchando al lado de mis padres que me sacó de allí. Y claro que poco después denuncié el siniestro a la policía.
Sin embargo como no pude aportar pruebas mi denuncia quedó en la nada y luego fui adoptado. Viví mortificado pero a la vez debía ser lo suficientemente fuerte para pensar qué quería hacer de mi vida. Pese a que soy un tipo como cualquiera decidí que quería vengarme con mis propias manos… Amaba a mis padres y el que me los arrebataran frente a mí fue una condenada maldición…
Y por aquel entonces noté el fresco viento en mis cachetes y una leve luz mientras estaba acostado en la cama de mi habitación ya que la puerta del sitio había sido abierta.
– Pero mírate nada más…
Vi personarse a una jovencita que usaba una vestimenta de sacerdotisa. El ambiente era fresco y la mujer parecía aparecida de milagro. Tenía el cabello atado a ambos lados en forma circular. Levanté un poco la cabeza viéndola mejor y parecía tener mi misma edad. Luego la sacerdotisa me pasó sus enormes tetas de arriba hacia abajo por la parte de la panza y después por la de más abajo.
Tras observar mejor su figura me di cuenta de que con su cuerpazo sería escogida sin titubeos como la número uno en belleza en una escuela.
– Disculpa mi descortesía…
Digo todo esto pero no recuerdo particularmente que me haya conseguida una novia… Quizás simplemente estoy dormido y soñando ya que mi «deseo» de tener una es demasiado obvio… Pero la supuesta novia que tengo encima no se calma para nada sino que por el contrario sus movimientos se volvían más salvajes y su respiración más pesada. Y me miró un largo rato la ingle…  Y mi futón empezaba a desteñirse.
– ¿Qué tendría que hacer…?
De pronto la piba se sonrojó y empezó a hacerme un pete y yo la miré con los párpados entrecerrados estando calmado. Pero ella no estaba del todo calmada aunque yo sólo me limité a disfrutar del momento…
– Pero… desde mi posición ya logro notar por tu reacción una increíble cantidad de energía…
Bueno, parece que todo lo hace con intención de obtener lo que ella denomina energía… Sonreí ante esta revelación de sus verdaderas intenciones.  La piba largó un gran suspiro y luego asintió con determinación.
– Bien, lo daré todo…
Se quitó la bombacha, sacó un forro y pasó a quitarme el calzoncillo con lentitud y cuando me dejó la ingle expuesta parece que se sorprendió un poco…
– ¿¡Eh…!?
Parecía que era la primera vez que veía un pene pues la chica se terminó de ruborizar del todo. Y yo me quedé viendo mi propio pito como para ver si tenía algo de raro… Su expresión hasta me pareció un poco graciosa…
– Ya empiezo…
La piba empezó a respirar un poco más fuerte, me agarró el pene y se lo metió en la concha. La metida fue suave. Dejó su manito de sostenerme el pedazo y se llevó la punta de los dedos a los labios mientras que con su peso llegaba su cadera hasta la base de mi ingle.
Parece que a la piba le encanta masturbarse con mi pito…
– Ah… Uuuh… Fuah… Fuaaah…
Dejó salir unos dulces gemidos por el éxtasis que parecía notar. Para ser su primera vez aceleró sus movimientos de cadera pese a que estaba ruborizada.
– Ah… Mm… Mmm… Ah, qué caliente…
Mi palo carnoso cada vez se me ponía más y más caliente. Esto me hizo terminar de erectar el pene y ambos aumentamos nuestra excitación sexual que además se notaba en nuestras expresiones de placer.
– Ah, qué tremendo… Se te pone más grande y más gruesa…
Luego pasó a masturbarse con una mano el clítoris y después pasó a hacérselo con ambas manos. La piba ya se excitaba en demasía.
– Quiero que… me eches lo de tus bolas en mis adentros…
La ansiedad se le notaba en la expresión… y me quedé pensando un momento sobre lo que me decía…
– ¡Espera…! Mejor te lo echaré pero en la boca, ¿de acuerdo…?
Para empezar quizás debí haberle sugerido que se lo echaría por el orto pero en el frenesí del momento no se me ocurrió… y claro que pasar de las meras palabras a hechos más concretos no es fácil en medio de semejante calentura…
– Bueno, pues…
Me dio un poco de miedo cuando se sacó la pija de la concha, abrió grande y me humedeció el glande con saliva.
– ¡Mmm…! ¡Ay Dios…!
Por su expresión supe que la piba estaba teniendo dificultades por su torpeza en esta clase de actos.
– Tengo las tetas tan grandes que casi no puedo hacerte una turca y un pete al mismo tiempo…
Tras lamerme el glande se metió la pija hasta la garganta… Y en el fondo de su garganta se producían sonidos acuosos.
– Mm… Mmm… ¡Mmm…!
A pesar de todo la piba era realmente cariñosa y cuidadosa mientras me hacía la felación. Pero como me lo esperaba me lo hacía un poco fuerte y debo decir que de esta forma notaba un gran placer. Por su comportamiento supuse que esta chica ya tenía alguna experiencia sexual previa. Me estaba haciendo pasar por un momento agradable.
– Mmm… ¡Mmm…! ¡Ah, ya casi…! ¡Dios, ya vas a eruccionar…!
Mientras la chica decía ésto ésta terminaba de abrir los labios y unos hilos de saliva me conectaban el glande con su boca… Luego más saliva salió como rocío de su boca… Ante semejante visión me volví a poner re duro.
– ¡Dios…! ¡Bueno, no importa…!
Como resignándose la piba se sacó la prenda superior dejando expuestas las tetas. Uff, se le mueven como si fueran de gelatina y eran de una tonalidad tan clara que parecían hechas de porcelana y tenía los pezones rosados. Y cuando movió las tetas de lado a lado me terminó de desarmar…
– Jaaah… Jaaah… yo también estoy excitada…
Empezó a manosearse las preciosas tetas y a apretarse los pezones entre los dedos con frenesí.
– ¡Ah…! ¡Fuah…! ¡Ay sí…! ¡Cuánto quisiera que me la metas…!
Ante semejante vista y ante semejantes palabras tuve otra erección. Estoy sobreexcitado.
Mientras la piba ya estaba terminando de masturbarse.
– Jaaah… Jaaah… ¡¡Ya acabo…!!
La prueba de las palabras de la piba era la gran cantidad de wasca que le surgía de la entrepierna… Luego volví a posar la vista en las tetas anaranjadas y rosadas de la mina.
Me puse debajo de ella moviendo un poco la cadera de arriba hacia abajo invitándola a que bajara su jarra de néctar…
– Esta es mi segunda vez…
– Ah… Aaah… Me duele…
La piba trataba de aguantar lo mejor que podía el dolor del desfloramiento así que yo pasé a besarla en los labios para calmarla un poco. Así la chica logró terminar de bajar la cadera para que me permitiera penetrarla y ésta dejó brotar aún más néctar.
– ¡Mmm…! ¡Mmmmmm…! ¡Fuaaaaah…!
Creo que ya llegué hasta el fondo de su concha pero lo que luego me dijo me lo confirmó:
– ¡Jaaah…! ¡Jaaah…! ¡Me llegaste a metérmela toda hasta en el fondo…!
Sonreí levemente al verle la expresión de éxtasis…
– ¡Fuaaah…! ¡Mmmmm…!
Ella estaba arrodillada sobre la cama-futón y yo la abrazaba por la espalda. En esta posición estábamos mientras ella dejaba escapar sus gemidos.
– ¡Jaaah…! ¡Tus pijazos me dan cada vez con más violencia en mis adentros…!
Esta vez sonreí ampliamente y aceleré el ritmo de las metidas. Ella estiró para atrás el cuello levantando la pera con la boca muy abierta lo que la hacía parecer un poco tonta mientras movía la cadera. Veía además cómo se ondeaba su suave y sedoso cabello negro y me terminé de dar cuenta de lo bellísima que era esta piba que se comportaba como una lujuriosa.
– ¡Fuaaah…! ¡Ay… yo… estoy por… acabar…!
Noté que dejó cualquier inhibición por lo fuerte que se puso a gemir.
– Aaah… Me encanta hacer algo así… Qué buenos pijazos… ¡Qué buenos pijazos…!
En verdad ya no parecía una doncella virgen pues movía la lengua sobre uno de sus pezones como una loca además de que movía la cadera hacia adelante y hacia atrás con frenesí y por supuesto sus tetazas redondeadas también se movían de arriba hacia abajo. También vi que se estaba chorreando pis en grandes cantidades junto con su wasca. Finalmente su pequeña concha tenía espasmos uno tras otro.
– Ay Dios… ¡Ay acabo…! ¡¡Acabo…!!
Enseguida le eché fuera mi líquido seminal a mi supuesta novia.
– Ay no, no… La energía es algo que no debe ser desperdiciado…
– ¿Quieres decir que hiciste ésto conmigo por algún otro motivo?
– ¿¡…!?
Al escuchar mi voz por segunda vez la chica pareció sorprenderse por el ligero alarido que dejó escapar.
– ¿¡Pero qué hice…!?
– ¿Que qué hiciste? Pues ni bien me desperté vos estabas encima de mí pero ya ignoro con qué intención…
– ¿Eh…? Ah, claro…
– No largaste un grito antes cuando me desperté pero sí recién…
Me pasé a presentar enseguida y se le volvió a poner colorada.
– ¿Pero te gustó lo que hicimos…?
– Bueno, sí… ¿pero sabías que las princesas guerreras tenemos una capacidad innata para luchar contra los demonios y que para eso requerimos absorber energía seminal? Ya que somos más sensitivas que las demás gentes.
– ¿Cómo dices…? Explícate…
– Que es a vos al que estaba buscando desde hace un buen tiempo.
– ¿A qué te refieres?
Cuando se lo pregunté la volví a agarrar por la cintura.
– Parece que te estás empezando a armar una patraña para que «me gustes más de lo que ya lo haces», ¿eh?
– ¡Ey, para…! ¡No estoy diciendo tonterías…!
– Creo que ya te entiendo.
Entonces noté mayor presión en la cadera. Mi «novia» había vuelto a penetrarse con mi pija y empezaba a moverse para que yo liberara más semen… Los movimientos de la piba eran realmente salvajes y gritaba como una bestia en celo…
– ¡¡¡Ooooooooh…!!!
Terminé volviendo a tener otro tremendo orgasmo y el semen salió disparado. La piba ya tenía los ojos en blanco por el éxtasis.
– ¡Ah…! ¡¡Aaah…!! ¡¡¡Oooooh…!!!
– ¿Y bien…? ¿Deseas seguir notando un placer tan bestial como éste…?
– ¿¡Eh…!? ¿¡Pero quién te crees que sos…!?
– Como ya te dije me llamo Mikagami Yuuto y desprecio a las princesas guerreras como vos.
Pero es justamente por eso que voy a empezar a salir a citas con esta guerrera.