Haru no Yurei Ni Capitulo 3 «Trabajo de Panadero»

Estaba sentado en la sala, Kurimo estaba frente a mí.

-Promete que no harás más tonterías… –

Le dije, mirándola, ella debió la mirada.

-Promete que no me dejarás sola. –

-No puedes pedirme eso… –

Repliqué, suspirando. Supongo que estaba de más decir eso a etas alturas, había entrado a su casa, después de todo.

-Este sentimiento… es tan intenso que no puedo dormir, tengo sueños malos a veces, sueño que no estás… –

Explicó ella, sentándose frente a mí, hablando en voz baja y sin levantar la cabeza.

-Hatami-chan… –

-Kurimo está bien. –

Me interrumpió, asentí con la cabeza.

-Kurimo entonces, yo… no puedo hacer más estas cosas, no es justo que te sigas ilusionando con un sujeto como yo, tienes razón, soy un hombre cruel, no soy lo que tú necesitas. –

Expliqué, ella pareció enfadarse.

-Es fácil decirlo cuando ya has tomado lo que querías…  –

Respondió Hatami.

-…Pero ¿Qué se supone que haga yo ahora? –

Preguntó después, con lágrimas en los ojos.

-Puedes buscar a alguien más, eres linda y… –

-¡No quiero a alguien más! –

Gritó. El silencio que había en la casa hizo que su voz resonara con fuerza en la habitación.

-Tu… eres el único que me escucha, el único que me entiende, incluso en esas cosas, tu podías escuchar la voz de mi corazón, me hiciste feliz… y se cierto que soy silenciosa y que me avergüenzo de todo, pero eso no evita que piense en ti todo el tiempo… y me duele. –

Tomé un trago al té y la miré a los ojos, ella enrojeció después de unos segundos.

-No vas a abandonar ¿verdad? –

-No puedo… –

¿Cómo iba a poder si yo aprovechaba cada momento con ella para hacerle cosas? La prueba estaba en que hacía justo un momento ella se acercó a mí y lo primero que hice fue tocarla de forma indecente. ¿Tenía sentido decir que no quería seguir con ella? Claro que no.

Además de que, bueno, era linda, y yo no había olvidado la suavidad de su piel, es normal que yo también quisiera más de ella. El problema no era ese. Ni que hacerle, de nada iba a servir ponerme a pensarlo en estos momentos, ella me lo había dicho ante, teníamos solo un momento.

Me puse de pie.

Al menos lo haría con ella ahora, eso es lo único que importaba en éste momento. Al demonio con todo, si de todos modos iba a ser un monstruo sin corazón, al menos me divertiría siéndolo. Hatami se sobresaltó cuando me puse de pie de súbito.

-¿Por qué te asustas? ¿No es eso lo que estabas esperando? –

Pregunté, avanzando hacia ella. Hatami negó con la cabeza, sin mirarme, pero no se levantó.

-No es verdad… no… digas esas cosas… –

Me acerqué a Hatami luego y la tomé del brazo, haciéndola levantarse, ella siguió mirando al suelo, pero como antes, haciendo cada cosa que yo le dijera. Ni siquiera había necesidad de ser violento con ella, ni un poco.

-Pero aun así me invitaste a pasar a tu casa… incluso te vestiste de forma provocativa. –

Le dije, poniendo mis dedos en medio de su escote, que como he dicho, estaba ligeramente abierto en esta ocasión, Hatami sonrió levemente, pero en seguida negó con la cabeza.

-No… no es que quisiera provocarte… es lindo… por eso me lo puse… –

Respondió ella, parecía desesperarse, aunque resultó muy obvio para mí que mentía, lo digo porque sonreía creo que Hatami estaba feliz de que yo me hubiera dado cuenta de que había intentado vestirse provocativa.

No lo digo solo de orgullo, hablo de que estoy consciente de que actué de forma correcta con ella.

-Dices eso, pero has sido muy indecente al hacer todas esas cosas… ¿Te importaría mostrarme tus pantis?–

Hatami asintió sin decir nada, y se levantó la parte inferior del kimono lentamente, como en esas pelis que a veces ponen en el horario de adultos.

Blancas, de un blanco celestial, y aun así, ya se notaba una pequeña mancha de excitación en ellos.

-Has estado pensando en cosas sucias, por lo que veo… –

Hatami negó con la cabeza, pero no soltó su ropa, estaba dejando que yo la mirara detenidamente.

-Si sigues mintiéndome, no creo que lleguemos a nada bueno. –

Respondí, Hatami me miró con los ojos llorosos, yo extendí una mano colocando uno de mis dedos sobre la mancha que tenía, moviéndolo hacia adelante y atrás, la mancha comenzó a extenderse al mismo tiempo que la respiración de Kurimo comenzaba a acelerarse.

-Querías hacer esto de nuevo ¿No es cierto? –

Pregunté, más por molestarla que por que realmente lo dudara, creo que estaba en mi sangre eso de molestar a las chicas, de todos modos, lo consideraba más excitante e interesante que solo lanzarme sobre ellas como un loco.

Y estaba claro que ella lo apreciaba un poco, aunque su vergüenza no le dejara admitirlo.

-No… no es verdad… –

Respondió ella a media voz, temblando y juntando sus rodillas.

-Dices que no es verdad, pero es la segunda vez que me muestras como te mojas cuando te acaricio… eres más desvergonzada de lo que pareces… –

Kurimo se acercó a mí, aun sosteniendo su ropa y trató de besarme. Yo me retiré, no porque no quisiera, sino porque fue muy obvio que ella quería que me callara.

-No… no es… verdad. –

Respondió ella, sacando su lengua un poco para tratar de alcanzar mi boca, pero en lugar de besarla, metí un dedo en su boca y ella comenzó a lamerlo.

-Por la forma en que lo haces, cualquiera diría que lo que quieres es lamer otra cosa… –

Use mis dedos para acariciar levemente su lengua, eso la obligó a sacar mi mano y retroceder un poco.

-Lo que tú quieras está bien… –

Dijo ella, con los ojos encadenados al suelo y colocando sus manos atrás de ella.

-Lo que yo quiera ¿eh? Bien, vamos a hacer uso de ese par de enormes pechos que tienes allí… –

No eran tan enormes, eran grandes para su edad, es cierto, y seguro que crecerían más, pero “enormes” era exagerado. Otra cosa es que a ella pareció gustarle que yo los llamara así mientras los miraba con tantas ganas.

-Eres el único que dice esas cosas… –

Respondió ella, al parecer, aún estaba algo preocupada de que yo pensara que lo haría con cualquiera.

-Por supuesto, eso es porque son mis juguetes personales, es más que obvio. –

Desabroché el listón del kimono, que cayó al suelo. El cuerpo de Hatami estaba en el punto exacto para brindar el placer de una jovencita. Tetas grandes, el vientre blanco y liso, caderas ligeramente anchas, trasero en perfecto corazón, apenas unos cuantos vellos púbicos que alcanzaban a notarse por la mancha en su ropa interior, sobre una vulva rosada y que también se notaba ligeramente resaltada.

Era como si hubiera crecido con el solo objetivo de dar placer.

-No me mires… –

Pidió ella, cubriéndose ligeramente, incluso así, resultaba provocativa, mucho más de lo que ella misma pensaba. La acerqué a mí un poco, y comencé a besarla, usando la lengua, al poco rato ella estaba recibiendo mis besos y devolviéndolos con mucha intensidad. Aproveché para quitarle el sostén y cuando me alejé de nuevo, ella respiraba con dificultad, mostrando sus pechos con la mayor de las naturalidades.

Al menos mientras no se lo hiciera notar.

-Tienes unos senos muy buenos. –

Hatami se cubrió un poco de nuevo.

-No… es verdad… –

Respondió, bajando la mirada, yo llevé una mano a su trasero, por encima de la ropa interior, y lo apreté ligeramente.

-Y este trasero es también muy indecente. –

Hatami saltó

-No… –

-¿No? Pero si estas moviéndolo mientras lo toco… –

Respondí, burlándome un poco y bajando el cierre de mi pantalón, cosa con la que mi pene pudo respirar por fin, ella lo miró durante un largo rato. Luego de eso me senté sobre el piso.

-Quiero que lo hagas con tus pechos. –

Indiqué, ella asintió y se hincó frente a mí, pero una vez allí, permaneció mirándolo por unos momentos.

-¿Qué ocurre? –

Pregunté.

-No se… como se hace… –

Explicó ella, yo encogí de hombros, y tomando sus tetas como si de dos almohadas se tratara, las acerqué a mí y envolví mi pene con ellas. Hatami me miró asombrada por un momento, hice un ligero movimiento hacia arriba y hacia abajo.

-Así ¿Lo ves? –

Pregunté, Hatami volteó a ver su propio pecho en ese momento, y luego usó sus brazos para mantener sus tetas alrededor de mi pene, comenzó a moverse, con algo de dificultad.

-Es un… poco… difícil… –

Dijo ella, pero poco a poco fue encontrando la forma. Sus pechos eran suaves, una maravilla ahora que comenzaban a mojarse de líquido pre-seminal que actuaba como lubricante, después de unos momentos, la temperatura de la zona entre sus pechos comenzó a aumentar.

-Lo estás haciendo muy bien… –

Kurimo me miró, complacida por el comentario, y sonrió mientras continuaba.

-Puedo… sentirlo palpitar… –

Comentó ella, yo la miré, sonriendo, porque ella no solía hacer esa clase de comentarios. Se dio cuenta al instante.

-No… yo… sueno como una puta ¿No es cierto? No diré más cosas… perdón… –

-Puedes decir lo que piensas… a mí no me molesta en absoluto… –

Respondí, pero Hatami negó con la cabeza. y aprovechó el hecho de que la punta de mi pene podía salir en medio de su pechos para lamerla y poder quedarse callada.

Kurimo era una chica de acciones, no de palabras. Podía actuar de forma muy pervertida, pero necesitaba estar muy excitada para decir algo. Ahora que, eso no me venía mal, si besando fue capaz de sobreponerse a la vergüenza, lamiendo mi pene fue mucho más pervertida de lo que esperaba, quizá le hacía falta un poco de práctica, pero se esforzaba mucho en estas cosas, de eso no había duda.

Comenzó a dar vueltas con su lengua sobre mi pene, en ocasiones aprovechando que estaba lo suficientemente cerca para meterlo por completo en su boca, y como se dio cuenta de que a mí no me desagradaba, al poco rato parecía estarlo disfrutando como si se tratara de un dulce o algo así.

Y como yo no me había venido en mucho tiempo, a decir verdad no tardé mucho en arrojar mi semen sobre su cara y sus pechos desnudos. Kurimo se quedó unos momentos estática y en silencio, como si tratara de asimilar lo que estaba ocurriendo, yo me retiré unos momentos para verla mejor.

La imagen era mucho más excitante de lo que podría parecer, incluso así, Hatami comenzó a tomar mi semen de su propio cuerpo con las manos, y luego de analizarlo unos momentos, se llevó los dedos a la boca.

Todo esto sin mirarme ni decir una palabra. Fue una sorpresa, a decir verdad.

Esta chica tenía mucho potencial.

Luego de eso me miró por unos momentos, posiblemente esperando que le indicara lo que íbamos a hacer después.

Batí la cabeza reaccionando después de lo que la había visto hacer y la tomé por los hombros.

-¿Lo hice bien? –

Preguntó ella, yo asentí con la cabeza sin decirle nada y llevé mis manos a su trasero, para derribarla luego obre el suelo, a un lado de la mesa, ella se golpeó ligeramente la cabeza, iba a detenerme por eso cuando me di cuenta de que ella estaba sonriendo.

Separó ligeramente sus piernas mientras comenzaba a lamer sus pechos, que rebotaron firmes a cada nueva lamida que les di. Hatami enrojeció mientras le sacaba las pantis hasta las rodillas, Y sin decir nada ni hacer más preámbulo, mi pene entró en su vagina como cuando das una patada a una puerta que ya está bien abierta.

Kurimo me abrazó con fuerza cuando eso pasó, pegando mi cara a su pecho por unos momentos. Estaba llorando un poco, creo que aún le dolía, pero la verdad yo ya no tenía forma de controlarme ni de ser amable con ella.

La última vez fue por ella, ahora era por mí.

Como quiera que fuera, Hatami no trató de separarse, y luego de empujar un par de veces, ella comenzó a jadear en silencio.

El sonido de su vagina siendo penetrada podía escucharse claramente debido a lo silenciosa que era. Me separé de su abrazo para poder mirarla y tomar uno de sus pechos con fuerza, ella se llevó una mano a la boca por un momento, hasta que quité su mano de allí.

-¿Duele? –

Pregunté, ella asintió con la cabeza, aun con lágrimas en los ojos, aunque ya no estaba llorando. Empuje con más fuerza dentro de ella, poco a poco, ella fue separando sus piernas a medida que sus caderas comenzaban a moverse al ritmo de mis embates. Hatami cerró los ojos mientras sostenía mi mano con fuerza.

-Tu cuerpo es grandioso. –

Se me salió. No fue porque sí, eso lo admito, eran las paredes más deliciosas que yo hubiera encontrado, puede que minase hubiera sido más estrecha, pero en el caso de Hatami, su cuerpo respondía por sí solo, su vagina estaba tratando de succionarme de forma natural, acoplándose a mi pene dentro de ella, succionando y tratando de adherirse a mí.

Era una sensación complicada.

-No… lo digas… así… –

Respondió ella, cubriéndose la cara.

-No te cubras… –

Respondí, empujando con más fuerza.

-Pero… me da vergüenza… –

Hatami respondió con la respiración entrecortada.

-Pero quiero verte…. Te ves sexy… –

Hatami se descubrió la cara, con los ojos llenos de lágrimas y el rostro cubierto de consternación, como si no entendiera por qué le estaba yo diciendo esas cosas.

-¿Sexy? –

Preguntó ella, y como ahora podía verla, comencé a empujar más profundo y más rápido, Hatami, comenzó a arquear su espalda al tiempo que subía sus piernas sobre mis brazos, y sus jadeos comenzaron a transformarse en ruidos más obscenos, y más ruidosos, como gemidos muy suaves.

Coloqué sus piernas sobre mis hombros mientras presionaba hacia abajo haciendo una prensa con sus piernas y el suelo, incluso me acerqué lo suficiente así como estaba, para besar sus labios. Hatami me devolvió el beso inmediatamente, a pesar de que ahora sus manos estaban aferradas al suelo, tratando de sostenerse para levantar su pecho y conseguir aire.

-Beso… beso… beso… –

Eso era lo único cuerdo que ella parecía poder decir, luego sacaba su lengua y la usaba para invitarme a seguir besándola, y como no pudo conseguir más aire, comenzó a llorar, desesperándose y cerrando los ojos, sus jugos de amor comenzaron a salir y escurrir sobre su trasero descubierto para mojar el suelo.

Respiró un poco después de eso, con la cara roja como un tomate y las manos bien pegadas al piso. Yo esperé unos momentos, y luego volví a empujar, ella abrió los ojos, creo que no se lo esperaba y no supo que hacer. Limpió sus lágrimas.

-¿Qué… que ocurre? –

-No he terminado… –

Respondí. Para mi parecía muy natural… Hatami no parecía saber que decir, volví a empujar, y eso comenzó a asustarla, trató de separarse de mí, pero la sostuve con fuerza y como dije, estaba presionándola contra el piso, no pudo moverse.

-No… espera… –

-No creo que pueda… –

Respondí, volviendo a mi movimiento, ella comenzó a moverse frenéticamente mientras la excitación volvía a su rostro con una rapidez impresionante.

-Eso es… demasiado… no puedo… –

-Ahora estás hablando ¿No es cierto? –

-No… no… –

Ella comenzó a debatirse entre moverse, esperar, respirar o llorar mientras el placer comenzaba a apoderarse de ella sin que ella pudiera detenerlo de ninguna forma, y como no estaba preparada para ello, comenzó a desesperarse y a llorar.

En medio de todo eso, comencé a acariciar directamente su clítoris, lo que hizo que la crisis se hiciera incluso más fuerte, aun así, seguía jadeando y seguía tratando de liberarse.

-¿Vas a volverte loca? –

Pregunté, parecía lógico que eso era lo que quería decir. Todas dicen que se van a volver locas, pero a decir verdad, pienso que ella ya lo estaba, y me gustaba así. Hatami asintió muchas veces, tratando de empujarme con sus manos, hasta que estas perdieron fuerza.

De todos modos, pese a lo que dijera y a lo que sus manos hicieran, su vagina estaba contradiciéndola, tratando de seguir succionando con todo lo que tuviera, para evitar que me separara de ella. Jugos de amor comenzaron a salir de nuevo, esta vez mas intenso que el anterior. Pude ver en sus ojos lo bien que ella se sentía con ello, quizá en el limbo mental que le producía el orgasmo, seguí empujando.

-¿Lo ves? Nuestros cuerpos se acoplan bien… no va a pasarte nada malo… –

Le dije, su orgasmo terminó y Hatami se apresuró a separarse , mi pene salió de su vagina y ella trató de escapar. A sabiendas de que si la dejaba ir ella se arrepentiría después, porque eso tenía muchas interpretaciones, yo la sostuve antes de que escapara y tomándola por la cintura, la acerqué a mí con fuerza, esta vez de espaldas.

-No es… no es eso… –

Respondió, ya no la escuché. Sea como fuera, ella no estaba resistiéndose lo suficiente, puede ser que le faltaban las fuerzas o puede ser que en realidad ella no quería alejarse de mí, solo le dio miedo.

-No vas a escapar, voy a hacer un buen pie de crema* contigo. –

Fue raro que usara su nombre en ello, Hatami volteó a verme, yo la sostuve del brazo y me acomodé y entré de nuevo en su vagina, que como estaba tan mojada, no hubo resistencia alguna. Luego de eso coloqué mi mano sobre su hombro para volver a ponerla contra el suelo y que dejara de moverse.

Kurimo separó sus piernas lentamente, llorando de algo intermedio entre alegría y desesperación, acaricié su trasero mientras empujaba, disfrutando que ahora al fin estaba gimiendo en voz alta e incluso manoteó sobre el suelo.

-Ya no te duele ¿cierto? –

Pregunté, ella negó con la cabeza, sin mirarme, luego se acomodó mejor, colocando su mejilla sobre el piso y expuso su trasero un poco.

Yo me ocupé de saborear sus paredes, ahora que estaba más profundo, sintiendo su cérvix en la punta de mi pene mientras saboreaba también su trasero con mi cintura.

Por eso es que decía que el cuerpo de esta chica era perfecto. Su trasero era grande, pero no tan grande como para no permitirme llegar hasta lo más profundo de ella desde donde estaba. Hatami volvió a venirse, mientras abandonaba la idea de escapar y rendía su mente al placer.

-Así es mejor ¿Lo ves? Eres una buena chica. –

Le dije, acariciando su espalda, ella ya no respondió, ni siquiera volteó a verme, solo seguía tratando de tomar un poco de aire.

-Se bueno… se bueno conmigo… –

Suplicó Hatami, al parecer había terminado por aceptar su nueva situación, lo digo porque estaba exponiendo su genitales de una forma muy pervertida, pienso que el hecho de no poder mirarme le ayudaba un poco.

-Claro que seré bueno contigo, voy a saborearte muy detenidamente aquí adentro. –

Respondí. Cuando ella escuchó eso, su vagina comenzó a contraerse y a expulsar más de su néctar.

-¿Sa… saborearme? –

-Sí, eso mismo ¿No te gusta? –

Hatami comenzó a jadear de nuevo, sin responder en ese momento, solo separó su trasero y sus piernas un poco más, para dejarme entrar. Lo tomé como un “sí” y comencé a aumentar la fuerza de mis empujes, fue entonces que me di cuenta que si empujaba con la suficiente fuerza, ella comenzaba a aumentar el volumen de sus ruidos.

Me pregunté si podré hacerla gritar. Solo había una forma de averiguarlo, me acomodé lo mejor que pude y Hatami se cubrió la boca con las manos para evitar que sus sonidos salieran. Eso no era justo, así que tomé sus brazos y los coloqué detrás de ella, sobre su espalda.

-No… no… por favor… –

Ya para ese momento, su cuerpo no dejaba de arrojar su jugos al suelo, de una forma mucho más intensa que antes. Me recargué sobre ella para poder hablarle al oído, cuidando de no lastimar sus brazos que ahora yo mantenía restringidos. No me importó mucho que ahora sus pechos estuvieran siendo aplastados contra el suelo.

-Quiero escucharte… –

Le susurré, y me retiré de nuevo para volver a empujar. Sosteniendo sus brazos con una de mis manos, llevé la otra frente a ella, en medio de sus piernas, para masajear su clítoris, y allí fue donde Hatami finalmente perdió el control. Lo digo porque en instantes sus jadeos se transformaron en gemidos, y estos en chillidos y gritos, de un volumen bastante aceptable ya que estábamos hablando de una chica que solía ser silenciosa.

Fue toda una sorpresa, tengo que decirlo, pero lo disfruté. Dejé salir mi semen dentro de ella sin preocuparme en ese momento si era o no un día seguro para ella. Una vez que terminé mee separé de Hatami, quien bajó los brazos y las piernas, quedando acostada sobre el suelo, respirando por fin.

Mi semen comenzó a salir de ella, era pie de Kurimo.

Miré el reloj. La ocho de la noche. Todavía podía esperar un poco, la casa de Kurimo no estaba particularmente lejos de la mía, por cierto.

-Vaya, eso fue bastante intenso. –

Comenté, más que nada para tomar aire, también para verificar que ella seguía consiente, pero Hatami no respondió, solo cerró sus piernas ahí donde estaba, todavía jadeando un poco.

-Soy feliz… –

Comentó después de unos momentos de silencio. Intentó ponerse de pie, pero no lo consiguió. Así que me levanté como pude y me acerqué a ella, extendiéndole mi mano. Hatami me miró complacida.

-Ya no me da vergüenza que me veas… –

Me dijo ella, dándome la mano, pero en lugar de levantarse, me atrajo hacia ella y me abrazó con fuerza. Tal vez su falta de vergüenza era debido a todo lo que había pasado. No me hacía muchas ilusiones, seguro que mañana le daría pena que la viera de nuevo.

Me senté junto a ella y ella se sentó también, recargando su cara en mi hombros luego de eso, estaba muy cansada, creo que me propasé un poco con una chica que en realidad era primeriza. Yo la dejé ser, y ella se dio cuenta de que estaba siendo demasiado permisivo.

-¿No te molesta que me acerque?-

Preguntó ella, sin levantar la cara.

-Bueno, no podíamos estar más cerca que hace un momento… –

Respondí.

-Me comporté como una puta ¿No es cierto? –

-No es verdad… fuiste una buena chica. –

Respondí, tratando de verlo por el lado amable.

-Puedo ser todo lo que tú quieras, si te quedas conmigo. –

Ella volvió al tema principal luego de eso. Pero ya pensándolo mejor, Hatami había permitido que me acostara con Minase, en realidad creo que ella no tenía problema con eso. Quizá si lo intentara… aceptaría a Akane, y a Mizore. Era una posibilidad.

-Ya te lo dije… –

Respondí, acariciando su cabeza, no es que quisiera ser una mala persona con ella.

-¿Hay otra? –

Preguntó ella, sin moverse todavía.

-Si… –

Respondí, suspirando. Finalmente ella levantó la mirada, había lágrimas en sus ojos.

-No entiendo… si tienes a otra ¿Por qué parecías desearme tanto? –

Preguntó ella, bajando la cabeza con tristeza, llevando su mano intuitivamente a su entrepierna.

-Bueno es que… –

Si le decía que no lo había hecho con Akane ella lo malinterpretaría.

-Fuiste violento… –

-Sí, bien… –

-Parecíamos animales en apareamiento… –

-¿De dónde sacas esas palabras? –

Pregunté, algo avergonzado por los términos que ella usaba.

-Es qué… así me sentí… –

Explicó ella.

-Bueno, puede que me vuelva loco cuando te veo… –

Lo dije sin pensar, eso era lo mismo que ella me había dicho cuando estábamos en el cine. Para Hatami, aquello fue como admitir que nuestros sentimientos eran el mismo.

-Yo también me vuelvo loca… mi corazón late con mucha fuerza y mi entrepierna comienza a mojarse sin que yo pueda detenerlo… y empiezo a pensar en cosas… indecentes… soy feliz cuando estoy cerca de ti, ¿Por qué no puedo ser así de feliz siempre? ¿No sientes tú la misma felicidad? –

-No es que nos sea feliz, es que… –

Y me interrumpieron, pero no Hatami. Alguien abrió la puerta de la casa y lo único que pude pensar fue “No otra vez” cuando vi a una mujer de mediana edad entrar a la casa, Hatami corrió a esconderse tontamente detrás de mi espalda, yo me cubrí la entrepierna con su ropa.

Fue todo lo que nos dio tiempo a hacer.

-Kurimo, preparo la cena en un segundo… –

Y volteó a vernos.

-Oh, lo siento… haz como que no vi nada. –

Dijo la señora y dándose la vuelta subió las escaleras, dejándonos allí. Aquella fue una reacción que no me esperaba, aunque en cierto modo, la conversación que había tenido con Kurimo antes apoyaba esa perspectiva.

-Mi madre nos vio… –

Dijo Hatami, la vergüenza volvió a su rostro.

-¿Esta eso bien? –

Pregunté, algo contrariado todavía.

-Si le digo que eres mi novio, no creo que haya un problema… –

Explicó. Primero marido y ahora novio. ¿Tenía opción acaso? Bueno la verdad es que no pensé demasiado en ello, suspiré, de algún modo, sentí que sería más fácil que Akane la aceptara primero antes que ella a Akane. Lo vería después.

-Aunque… posiblemente me diga que tenía que hacerlo en el futon y no aquí… –

-¿Tu madre quiere que lo hagas? –

Pregunté, sorprendido, ella negó con la cabeza.

-Mi madre quiere nietos… –

Explicó. Tenía un poco de sentido para mí.

-¿Y tú? ¿Qué piensas? –

Pregunté, hijos eran para mi palabras mayores todavía. No tenía un trabajo estable y mi vida era un desastre.

-Yo no quiero, pero mi madre no escucha. –

Explicó ella, no parecía estar mintiendo.

-¿No quieres? O ¿No ahora? –

-No ahora… es decir… estoy tratando de que salgas conmigo, todavía no me dices que si ¿Cómo puedo pensar en esas cosas? –

Preguntó ella, aunque algo me decía que ella lo había pensado, y tal vez no le gustaba la idea.

-Imagino que no estoy en posición de decirte que no. –

Hatami negó con la cabeza.

-Puedes ser un hombre cruel si quieres… –

Y al decir eso me abrazó.

-Pero no quiero rendirme, rechazarme es tu decisión, rendirme la mía… –

Aquello era lo más cuerdo que ella me había dicho en todo el día, de hecho, desde que la conocía.

-Si quieres salir conmigo así como están las cosas, está bien. No voy a negarme de todos modos, aunque no pienso que sea lo mejor para ti. –

Kurimo asintió.

-Le entregaré mi alma a quien yo quiero, no me importan las condiciones, si me engañas, o me haces daño, o lo que sea, no importa… –

No estaba bien que ella fuera así, me preocupaba un poco porque yo estaba al tanto de que había muchos sujetos peores que yo allá afuera, pero bueno, al menos estaba conmigo y no con cualquier otro.

Puse una mano en su entrepierna, por puro instinto, ella oprimió mi mano con sus muslos por la sorpresa, pude sentir mi semen saliendo de su cuerpo. Hatami sonrió.

-Me rellenaste… –

Comentó ella, sonriendo pícaramente.

-Bueno, trabajo en una panadería ¿No es cierto? –

Hatami bajó la cabeza, sonriendo ligeramente, luego de eso la ayudé a vestirse. Y sin quedarme más tiempo salí de aquella casa, dirigiéndome después a la mía.

Tenía que ir a la montaña con Mizore mañana, y todavía no la había visto, eso sin contar que me estaba debatiendo la idea de comentarle a Akane lo que había pasado hoy.