Haru no Yurei Ni Capitulo 4 «Celos encontrados»

Luego de que salí de casa de Hatami-chan, sin saber exactamente en qué consistía aun mi relación con ella, descubrí que tenía un mensaje en el teléfono, que obviamente no había revisado ya que estuve muy ocupado.

“Alguien vino a buscarte”

Eso decía el mensaje, era de Akane. Aquello me alarmó lo suficiente como para apresurar el paso y llegar pronto a mi casa, cualquier cosa podía estar pasando, aunque en realidad, yo ya presentía que se trataba de Mizore. Después de todo, no había hablado con ella desde el día del accidente de auto, y tuve razón.

Envié a Akane un mensaje de vuelta, pero ella no respondió. Temiendo lo peor, es decir, que hubieran peleado o algo, me apresuré a volver todo lo que pude.

Lo que si me sorprendió, es que Akane parecía estarse llevando bien con Mizore, cuando llegué ellas estaban hablando en la sala. No diré que estaban riendo y haciendo bromas, pero sinceramente luego del modo en que Kamine se había comportado, lo pensé demasiado.

Al contrario de la reacción que tuvo con Kamine, Akane parecía tolerar a Mizore. Estaba totalmente seguro de que ella había visto los mensajes que había en mi teléfono y sabía quién era.

Ambas se pusieron de pie cuando llegué.

-Pudiste decirme que se trataba de Mizore. –

Comenté, mirando a Akane.

-¿Es que alguien más iba a venir? –

Preguntó Akane, mirándome de forma extraña, no sabría decir si estaba enojada conmigo. Quería preguntarle varias cosas, pero creo que eso tendría que esperar por el momento. Me volví a Mizore. Ella sonrió levemente mientras bajaba la cara.

-¿No me debes una explicación? –

Preguntó ella, pero tampoco parecía enfadada.

-La verdad es que… –

Y Akane me interrumpió.

-esta niña llegó aquí verdaderamente preocupada por ti, eres un desconsiderado. –

Se quejó. Mizore asintió con la cabeza varias veces e infló sus mejillas.

-Sí, estaba muy angustiada… –

-No quise causarte problemas. –

Respondí, Mizore sonrió y negó con la cabeza.

-Ella me lo ha explicado todo. –

¿Todo? me pregunté, volteé a ver a Akane quien sonrió.

-Me dijo que te habían arrollado la misma mañana en la que fuiste a verme… ¿Estás bien? –

Suspiré. Seguro que no le había dicho todo.

-Si… ya no me duele. –

Respondí, moviendo el hombro ligeramente, Mizore se aceró a mí y me abrazó.

-Mizore… –

Comencé a decir, pero ella recargó su cabeza en mi pecho.

-Está bien, ella sabe que somos novios ¿No es cierto? –

-Si lo sabe pero… –

Ese “pero” no le gustaba a Mizore.

-¿Pero? –

Preguntó ella. Voltee a ver a Akane, no tenía mucho sentido lo que estaba pasando así que no lo entendí. Mizore se separó de mí.

-No es nada… es que estas siendo más agresiva de lo normal… –

Expliqué. Ella retrocedió y yo me arrepentí de lo que había dicho.

-No es que me moleste ni nada es que… –

-Bueno, en realidad, yo quería decir que… quería que nos viéramos mañana a medio día, pero ya que tu amiga de la infancia está aquí… quizá quieras cambiar de planes… –

Explicó. Ya  creí que entendía un poco qué era lo que había pasado, Akane parecía haberle dicho a Mizore que éramos amigos. Y luego se enteró de que tenía un viaje pendiente. No es como que fuera a durar mucho, de todos modos. Tal vez Akane comprendió que no podía faltar.

No sentí que fuera muy justo, de todos modos, yo le había dicho que iría.

-No es eso… –

-¿Iras aun así? –

Preguntó ella, sin poder disimular su ilusión. No quise voltear a ver a Akane en ese momento.

-Te dije que iría ¿No es cierto? –

Le dije.

-¡Yay! –

Y volvió a abrazarme. Escuché a Akane subir las escaleras.

-No tienes que sonar tan emocionada, ya lo había dicho. –

Expliqué.

-Si pero… bueno, después de eso me quedé sin teléfono y no pudimos hablar para nada. Yo… te echaba de menos… –

Explicó, bajando la cabeza.

-Lamento mucho la preocupación que te hice pasar. –

-No importa ya… tu amiga… ¿Fumishi-chan? Me contó lo que pasó, ahora sé que no fue tu culpa y que has estado recuperándote y trabajando… ¿Pensaste en mí? –

Preguntó ella, sonriendo. Algo me decía que Mizore se estaba guardando muchas cosas, y Akane unas tantas más.

-Más de lo que crees. –

Respondí, no le estaba mintiendo. En el mas estricto sentido de la palabra, si pensé en Mizore bastante. Ella volvió a abrazarme, pude sentir su corazón latir con fuerza.

-Estaré esperando por el viaje de mañana… Onii-chan. –

Me dijo ella, al oído, con un susurro, restregando su cuerpo contra el mío. Al parecer, estaba bastante excitada, una pena porque en ese momento no tenía demasiadas fuerzas, y evidentemente no podía decirle por qué.

-También yo… –

Respondí, abrazándola levemente, haciendo lo posible porque no se notara que tenía una erección en ese momento. Se separó de mi luego de eso.

-Tengo que irme, no sé si voy a poder dormir, pero le prometí a mi padre que no tardaría. Creo que mis padres necesitaban un momento a solas. –

Agregó. La confianza que ella usaba me hizo entender que sí, su padre sabía también lo que estaba pasando entre Mizore y yo.

-De acuerdo, te veré mañana entonces. –

Le dije, Mizore se separó de mi luego de eso y fue hacia la puerta, hizo como que algo se le había caído y se agachó para mostrarme sus pantis, eran unas pantis negras con tela transparente. Demasiado indecentes para una chica de su edad.

-Recordaré eso. –

Le dije mientras abría la puerta. Me miró, asintió con la cabeza y luego se fue. Fue después de que escuchó la puerta cerrarse que Akane bajó con una canasta de ropa recién lavada y sonriendo, se dirigió al pequeño patio a tenderla.

Me acerque a ella mientras hacía eso.

-No pensé que se llevarían bien. –

Comenté. Akane negó con la cabeza.

-¿Por qué no? Es muy linda. –

Explicó.

-Si pero… –

-Es tu novia, lo sé, me contó lo del viaje. –

Explicó Akane.

-Y ella ¿Sabe quién eres tú? –

Pregunté, Akane asintió.

-Lo sabe. –

Dijo ella, y siguió tendiendo.

-Pero… –

Akane finalmente suspiró, arrojó la ropa a la canasta y me miró, con lágrimas en los ojos.

-Terminará contigo después del viaje. –

Confesó Akane, conteniendo el llanto, aunque yo no sabía por qué ella estaba llorando.

-¿Cómo? –

-Ella llegó aquí preguntando por ti, traté de explicarle la situación, ella se enfadó y entonces le dije que podía ser que tu estuvieras esperando por ese viaje. Ella prometió dejarlo pasar hasta después de mañana. –

Me quedé perplejo, inseguro acerca de lo que debería responder.

-Entiendo. –

Dije. ¿Qué más podía decir? Estaba claro que Mizore no iba a aceptar a Akane así como así, y yo me había metido en ese lio solo. No quedaba más que aceptar las consecuencias.

-No tienes que fingir que entiendes, ve tras ella. –

Respondió Akane.

-Dile que es importante para ti…  –

Agregó, sollozando.

-Akane… esto es… –

-Yo estoy arruinando todo ¿No es cierto? –

Preguntó ella, sollozando.

-No es tan simple. –

Me acerqué y puse una mano en su hombro.

-¡Lo nuestro no funciona! –

Gritó, y entró corriendo. Lo único que pude hacer fue llevarme las manos a la cara. Claro, ella había estado poniendo su muro y sonriéndole a Mizore, cuando ella sabía perfectamente lo que estaba pasando. Esto no estaba funcionando.

Pero ¿Por qué?

Se puso peor cuando apareció alguien más.

-Oh, es una lástima que todo haya salido mal ¿No es cierto? –

Preguntó una voz por encima de la barda. Era Kamine.

-¿Qué ocurre ahora? –

Pregunté desesperado.

-Oh nada, Mizore me habló hace unos momentos llorando… ¡Te lo advertí, idiota! –

Dijo ella, y saltó la barda, entrando a mi jardín.

-¿Por qué estás tan enfadada conmigo? ¿Siquiera sabes que yo no le dije nada? Yo no sabía que ella estaba enojada hasta hace unos momentos. –

¿Y qué estaba haciendo Kamine aquí, de todos modos?

-¿Y qué esperabas? Tenías que decírselo.–

Se quejó Kamine, cruzando los brazos.

-El momento de hablar con ella, es todo. –

Kamine suspiró y se dio la vuelta.

-No te acerques a Mizore. –

Respondió finalmente, yo iba a decirle algo, y ella quiso irse.

Sin embargo, su actitud me recordó un poco a cierta persona. ¿Podría estar pasando por la mima situación? Valía la pena intentarlo.

La alcancé.

-Espera… –

-¡Déjame! –

Kamine comenzó a forcejear, jalé de ella con fuerza.

-¡Que esperes! –

Y caímos al suelo. Caí sobre Kamine, su respiración se aceleró, la mía también. Nos miramos unos momentos, sin saber que decir.

-No lo hagas… –

Me dijo Kamine, enojada y cerrando su piernas. No respondí.

-No lo hagas… hablo en serio… no quiero… –

-¿Y qué? –

Pregunté, colocando una mano en sus muslos, ella forcejeó.

-Aléjate… –

Me ordenó, pero mi rodilla que había quedado en medio de sus piernas comenzaba a sentirse caliente.

-Actúas muy enfadada, pero esta parte de aquí ya está llamando a su dueño. –

-No digas… tonterías… pervertido… –

Metí mi mano en medio de sus piernas por la fuerza, y quitando sus pantis del camino, introduje un dedo dentro de Kamine, quien ahogó un grito. Y continuó tratando de apartarme.

-¿Que va a decir tu esposa tonta?… ¿Eh?… Si se da cuenta de que te metes con cualquier cosa que tenga falda… –

-¿Te preocupa mucho lo que Akane diría? ¿Es eso? –

-A mí no me importa… –

Respondió ella, ya comenzando a sentir más placer que coraje.

-Puedes meterte con quien quieras, ese no es mi problema, pero cuando yo esté aquí, tu cuerpo es mío. –

Le aseguré, Kamine dejó de forcejear entonces.

-Eres un aprovechado… todo lo que hicimos, todo lo que pasó… lo echaste a la basura… por esa estúpida princesa… –

Se quejó Kamine.

-¿Y vas a llorar por ello? No me hagas reír… dices que es por tu prima cuando la que quiere sexo eres tu… –

Ella separó sus piernas así como estaba y acercó su vagina hacia mí, con intenciones de dejarme hacer mejor el trabajo. Yo metí el segundo dedo en su vagina

-¿Y que si lo quiero? ¿Eh?  Soy una puta, es lo que hago… no me avergüenza… –

Respondió Kamine, ya con la respiración entrecortada.

-No eres una puta, eres mi puta… tu cuerpo es mío. –

Respondí, ella se cansó de estar en el suelo del jardín y se puso de pie. Me tomó del brazo.

-Entonces házmelo… ahora… –

Ordenó ella.

-Si de verdad quieres que sea tuya, házmelo ahora… –

-¿Segura? La princesa de allá podría interrumpirnos y… –

Me detuve, Kamine enrojeció de coraje. Se puso de pie como pudo y me empujó.

-¡¿Y qué hago?! –

Preguntó llorando.

-¿Quieres saber porque hice todo esto? ¡Para tenerte para mí! Yo… amo el sexo contigo ¿Entiendes? ¿Sabes porque terminé con mi novio? Porque quería hacerlo contigo más veces, porque estar con él ya no era suficiente, ni los maestros, ni ¡nadie! Yo… hice todo esto por ello… ¡Porque me encanta que estés dentro de mí! ¿Es mucho pedir? Si no me quieres no me importa, si estas con otra tampoco, solo… dale a mi cuerpo lo que continua pidiéndome…  –

Ella dijo eso sollozando y gritando. Cero y van dos. No quise mirar a mi casa, pero estaba seguro de que Akane estaba escuchando. También tenía que hablar con ella…

-Y tú solo… lo echaste a la basura… por una chica que no sabe nada de esto… tenías razón, al diablo con Mizore ¿Qué hay de mí? Ya no puedo tenerte, ya no puedo… me echaste a la basura como si no fuera nada. –

Y se interrumpió sola, llorando de nuevo.

-Eso es más sincero que lo de la última vez… te diré lo que harás, vas a irte a casa, ahora… y vas a poner el listón rojo. –

Kamine se quedó callada unos momentos, luego se limpió las lágrimas.

-¿Prometes que el listón funcionará? ¿Esta noche? –

-Espero que estés lista… –

Respondí, Kamine asintió, yo suspiré, dándome la vuelta, escuché cómo ella se fue corriendo. Me di la vuelta y salte la valla del jardín, justo del otro lado, y fui a la combini después de eso. Compre un par de bebidas energéticas y me bebí una antes de volver a mi casa.

Necesitaba reponerme un poco para lo que intentaba hacer. Iba a ser una noche larga, pero no podía quejarme por todos los problemas si era yo el que desatendía mis deberes vergonzosos ¿No es cierto? Hablando de eso, tenía mucho que hacer.

Verifiqué que mi pequeño amigo estuviera en condiciones de trabajar horas extra el día de hoy. Luego volví a mi casa. Esperé un poco antes de entrar de todos modos. Luego abrí la puerta.

Akane hacía como que estaba cosiendo alguna prenda.

-Fue una confesión muy emotiva, hace un momento. –

Comentó Akane, sin voltear.

-No pensé que te gustaría. –

Respondí, cerrando la puerta detrás de mí. Fui hasta ella sin pensarlo mucho…

-No me gustó… es una zorra ¿Cómo va a gustarme? Soy tu esposa, después de todo. –

Ella sonrió de forma extraña. Quizá ella sabía a qué había entrado. Lo digo porque era la clase de sonrisa que ella tenía cuando estaba a la defensiva. Estos días me habían servido para distinguir una de la otra, por supuesto que no se parecían.

Lo único que faltó, es que ella dijera aquella tontería de “amo a todo el mundo.” Por cierto, no lo dijo.

-¿Lo harás con ella? –

Preguntó Akane, sin mirarme, lista para hacer un berrinche… y escapar.

-Lo haré contigo. Ahora. –

Akane me miró y sonriendo negó con la cabeza.

-Tu sabes que no puedo… –

Dijo ella, yo la tomé por el brazo y la levanté. Y como ella no se esperaba eso, se quedó perpleja. Incluso tragó saliva. Ya habíamos vivido una situación parecida.

Quiso darse la vuelta, la sostuve con más fuerza.

-¡Basta de juegos! –

Akane bajó la cara, retrayéndose con vergüenza.

-Esa mirada… –

-Ya volví… –

Respondí, sonriendo.

-Pero yo… –

Intentó separarse de mi un poco, no hizo falta halar de ella ni nada, la miré de arriba abajo.

-¿No estas lista? –

Pregunté, burlándome un poco, pero ella se lo tomó literal, y negó con la cabeza.

-Tu… sabías que no iba a hacerlo contra tu voluntad ¿No es cierto? Has estado retrasándolo a propósito desde entonces… –

Le aseguré, Akane trató de retroceder, pero no se lo permití.

-No es así… yo quiero entregarme, en verdad lo quiero pero… –

Insistió, llorando.

-Pero no quieres que te duela…  –

La interrumpí de nuevo, Akane comenzó a forcejear también.

-Tienes deberes de esposa que cumplir. –

-Pero… ahora mismo… No estoy lista… –

Hice lo mismo que había hecho a Kamine, metí mi mano entre sus piernas, Akane se resistió unos segundos, comencé a acariciar su vagina, primero por encima del vestido.

-No… ahí no… eso es… mi parte privada… yo… –

Levanté su vestido y comencé a acariciarla ahora desde su ropa interior, empujándola lentamente para arrinconarla en la pared de la sala, junto a la ventana, aunque las cortinas se quedaran cerradas, podría distinguirse lo que estaba pasando debido a la luz del interior.

-Pero eres mi esposa… ¿No significa eso que esto me pertenece? –

Pregunté, Akane asintió con la cabeza, aunque no me miraba.

-Si… lo soy… pero… yo… –

La respiración de Akane comenzó a acelerarse, al tiempo que su garganta comenzaba a emitir pequeños ruidos.

-Está tan cálida y mojada… no puedes negarme esto ahora –

Anuncié, saboreándome

-No lo digas…. En voz alta… por favor… –

-Tienes razón… tú vas a decirlo… –

Le dije, Akane negó con la cabeza muchas veces, estaba bastante roja de la cara, quizá la vergüenza, o la excitación, o ambas. Puse más presión en su clítoris, todavía por encima de la ropa interior. Akane saltó.

-No… espera… no puedo decir eso… es…  –

-¡Dilo! –

Ordené, ella negó con la cabeza y continué estimulándola, su respiración se aceleró al instante, salieron ruidos obscenos de su boca sin que ella pudiera evitarlo.

-De acuerdo… de acuerdo… está cálida… –

-¿Y? –

-Mojada… –

Pude sentir como se humedeció más cuando ella dijo eso.

-¿Por qué? –

Pregunté, ella se abrazó de mi cuello para evitar que mirara su cara, estaba llorando.

-¡Porque me estás tocando! –

Se quejó.

-¿Duele? –

Pregunté, quizá algo alarmado por su llanto, pero pude sentir como negó con la cabeza.

-Bien, me alegro, eres mi esposa ¿No es cierto? Eso significa que puedo hacerte cosas…  como tocarte aquí.-

Presioné su clítoris de nuevo. Akane saltó y gritó.

-Pero… tú las tienes a ellas… ¿Por qué yo? No quiero… –

-Dices que no quieres, pero tu cuerpo está diciéndome todo lo contrario… –

Insistí, ella me abrazó con más fuerza.

-No es verdad… tú no puedes decir esas cosas… esas cosas no se dicen… –

-Puedo decirte todo lo que yo quiera… eres mía… –

Con la mano que tenía libre, la tomé por el trasero y la hice acercarse hacia mí, su vagina se encontró con el estímulo frontal de mi otra mano y ella saltó.

-No… no… –

-No ¿Qué? –

Pregunté, masajeando sus nalgas, metiendo mi mano debajo de su vestido.

-No me comas… –

Respondió ella llorando.

Aquello me dio una idea, podía comenzar haciéndolo con mi lengua. Yo nunca había probado esa parte de Akane, tenía algo de curiosidad.

Comencé dándole un beso en los labios, sin dejar de acariciarla. Akane se dejó besar, incluso bajó su manos, que habían estado deteniéndome. Luego de besar sus labio comencé a lamer su cuello.

-Esto es tan…. Indecente… –

-Voy a hacerte muchas cosas sucias esta noche… –

-No… –

Replicó, ya sin fuerza para resistirse, continué besándole el cuello a medida que comenzaba a quitarle el vestido de los hombros, que cayó como si estuviera hecho de seda. Akane se cubrió como pudo.

-No me mires… por favor… me moriré de vergüenza… –

Acaricié su espalda desnuda con mis manos, pude sentir como la piel se le erizaba.

-Si me dejas mirarte, te aseguro que dolerá menos… –

Respondí, besando sus hombros.

-Pero… está mal…  –

Desabroché sus sostén, que estuvo a punto de caer al suelo, ella lo sostuvo contra su pecho usando sus brazos…

-No está mal, voy a comerte, después de todo… –

Akane se retiró de mí, aprovechando su oportunidad, bajé la guardia, es cierto, pero no iba a dejarla escapar. Me miró con una mezcla extraña de miedo, desconfianza y excitación.

-¿Serás gentil? –

Preguntó finalmente, creo que no estaba tan equivocado con aquello.

-Promesa. –

Respondí, Akane lentamente se descubrió. Sus pechos eran redondos y relativamente pequeños, digamos que tenía el mismo tamaño que Hatami-chan, pero su forma era completamente diferente. Me acerqué a Akane mirando su pezones rosados y erectos como dos flores sobre un campo de nieve.

-¿Y bien?…. ¿Te…. Gustan? –

Asentí con la cabeza mientras sonreía. Eran perfectos, más que eso, puedo decir que iban con su personalidad, si es que eso tiene algún sentido.

-Son grandiosos. –

Le dije, acerqué mi mano mientras ella temblaba de pies a cabeza.

-No son raros ¿verdad? –

-Claro que no… –

Puse una mano sobre ellos, Akane tembló.

-Trátalos con cuidado… nunca se los había mostrado… a nadie… –

De alguna forma, sentía que nuestra primera vez tendría que haber sido así, pero bueno. Ya no podía hacerse nada.

-¿Qué se siente? –

Pregunté, mientras los acariciaba suavemente, haciendo leves círculos con ellos, puedo decir que apenas los tocaba.

-No puedo decirte… –

-Inténtalo… –

Respondí, poniendo un poco más de presión, apenas la suficiente para sentir su corazón a toda marcha.

-Se siente… bien… –

Dijo, bajando la cabeza y a punto de ponerse a llorar por la vergüenza.

-Me gustaría que usaras mi antiguo apodo. –

Comenté, abrazándola de la cintura con la otra mano, ella se sobresaltó cuando la atraje hacia mí, comencé a besar su cuello por detrás mientras mis manos la envolvían y tomaban sus pechos.

-Si… señor lobo… –

Dijo ella, no estaba mirándola, supongo que eso ayudó un poco, continué masajeando sus pechos lentamente.

-Eres la chica más linda que hay, Akane… –

-No… eso no es cierto… –

Se quejó ella, negando con la cabeza, gimiendo y retorciéndose por la forma en que estaba acariciándola, su trasero estaba pegado a mi entrepierna.

-Claro que sí, es la verdad… tus pechos son los mejores… –

-¿Mis pechos?… ¿Te gustan? ¿Más que los de ella? –

Creo que era bastante obvio que la comparación real no tenía sentido aquí. Esto es un juego de decir lo que ella quiere escuchar.

-Sí, más que los de ninguna… –

Akane echó su cabeza para atrás.

-Pero lo harás con otras… –

Se quejó ella.

-Pensaré igual en ti… –

Respondí. Ella negó con la cabeza.

-No es verdad, lo haces conmigo por lastima…  no soy linda… ni sexy… ni siquiera sé cómo se hace. –

-Si eres linda… –

Respondí. En serio ¿Quién esperaría que una chica como ella tuviera alguna experiencia?

-Estoy sintiéndome rara… –

Se quejó ella, lamí su cuello y eso envió un escalofrío a su espina dorsal. Creo que a Akane le gustaba especialmente ser halagada en estos momentos. Se excitaba mucho más por lo que escuchaba que lo que sentía.

-¿Cómo se siente? –

-No se… –

Tomé uno de su pequeños pezones y lo presioné.

-No… eso… –

-Lo siento, no puedo evitarlo… –

-Pero… se siente extraño… –

Se quejó ella, puso una mano sobre la mía, pero no intentó quitarla.

-¿Es mejor que la última vez? –

Akane no pudo responder, cuando se inclinó para sobreponerse al estímulo, se encontró con mi pene junto a su trasero, volvió a levantarse.

-Hay algo… tocándome… abajo… –

Se quejó.

-¿Abajo? Si no me dices en dónde, no puedo saberlo. Akane. –

Contesté, acariciando la parte baja de sus pechos con un poco de fuerza.

-No puedo decirlo… –

-Inténtalo… –

-En mi… mi… –

Presioné sus dos pezones a la vez. Ella comenzó a gemir con más fuerza, su respiración comenzó a acortarse más y más.

-En mi… –

-¿Dónde? –

Pregunté, estaba lamiendo su espalda, y ella tenía que levantar un poco la voz para que la escuchara.

-Mi trasero… –

-Oh eso, bueno, es toda tu culpa, tú lo provocaste… –

-¿De verdad? Entonces… ¿Si te gusto? –

Preguntó ella, vanidad ante todo.

-Tenías razón allá, cuando dijiste que lo único que quería era hacer esto contigo… –

Akane, sin que ella misma lo entendiera, comenzó a mover sus caderas de un lado a otro, restregando su trasero contra mi pene.

-No sé por qué… pero me gusta… que me digas eso… dímelo más. –

-Te lo diré más si haces algo por mí. –

Con mis manos ocupadas como estaban, no podía acariciar otra cosa que sus pechos en ese momento, y siendo sinceros, sentí que si los soltaba en ese momento, ella pensaría que me harté de eso. Necesitaba que ella fuera llevando el ritmo de esto.

-Esta… bien… –

Respondió ella, tratando de controlarse. No sé porque trataba de controlarse si lo que yo quería es que perdiera el control. Pero supuse que íbamos por buen camino. Tome su mano momentáneamente, y la llevé dentro de sus pantis, ella se estremeció sin querer por el contacto con su piel desnuda.

-¿Qué hago? –

Preguntó ella, intentando voltear a verme. Lo sabía, no lo hacía. Eso era un problema.

Ocupé el momento para soltar mi pantalón, y con ello, liberarme un poco antes de que comenzara a ser doloroso.

-Toca… así… –

-Pero… eso no se toca… está mal… –

Respondió ella, su mirada me decía que buscaba aprobación.

-¿Eh? Pero te ves tan sexy intentándolo… –

Ella giró la mirada avergonzada, pero asintió.

-De acuerdo… lo haré solo porque tú me lo pides…. –

Comenzó a mover su mano con timidez, pero como estaba de espaldas a ella, creo que eso ayudó un poco a que su vergüenza no fuera un impedimento. Otra cosa es que ella ya estaba muy excitada como para ´pensar claramente.

-Se siente… extraño… no sé qué me pasa. –

Comentó Akane, balanceando sus caderas al ritmo de sus propias manos.

Pocas veces había tenido la oportunidad de observar algo así. Era muy excitante, es cierto, y yo pude concentrarme en estimular sus pechos, tenía que recuperar el tiempo perdido.

-Pero es hermoso… tienes un cuerpo tan lascivo, Akane… –

Le dije al oído. Akane cayó de rodillas, y colocó su mano en el respaldo del sillón para sostenerse. Pude ver a través de sus pantis como poco a poco aceleraba el movimiento. Yo ni siquiera estaba tocándola ahora, solo observando. Deleitándome con lo que estaba viendo.

Era mucho mejor que en las películas, eso sí.

-Algo está pasando… –

Dijo ella, mirando hacia arriba para poder verme, luego de eso cerró los ojos.

-Es grande… –

Me acerqué a ella desde detrás, mientras estaba concentrada en masturbarse, comencé a lamer su trasero, eso la tomó por sorpresa.

-Aquí viene… aquí…. Viene.. –

Y pude sentir como todas sus pantis se mojaron cuando ella estalló en un orgasmo que la obligó a detenerse y a separar las piernas para no caer. Sus gemidos también se hicieron más altos. Se sostuvo del sillón con una mano mientras mantenía la otra dentro de sus pantis.

Tengo que admitir que sí, fue excitante mirarla.

-Fue muy lindo… –

Le dije, Akane respiraba con dificultad, volteó a verme con lágrimas en los ojos y negando con la cabeza.

-Me siento mal… hice algo… muy malo… –

-Si fuera algo malo, estaría enfadado contigo. –

Respondí, hincándome para estar a su altura, esta vez, de frente, ella evadió mi mirada.

-Mi padre estaría… enfadado conmigo… –

Replicó ella. Al parecer le estaba costando mucho trabajo librarse de ese juicio. Aun así, me daba cuenta de que ella se estaba esforzando. Eso me conmovió, a decir verdad.

-Entonces mantengámoslo en secreto, como antes… –

Sus ojos se abrieron frente a aquella posibilidad. Le gustaron mucho esas palabras, lo sé porque no pudo evitar sonreír al tiempo que se acercaba a mí.

-En secreto… –

Gimió Akane, y por primera vez en todo este tiempo, se animó a besarme. Comenzamos a besarnos mientras acariciaba sus hombros y si espalda, a cada roce de mis manos, ella se estremecía un poco, pareciendo perder la respiración por unos instantes.

Finalmente le quité las pantis, Akane ya no se resistió, siguió besándome por unos momentos, mientras sus manos, sin saber qué hacer, solo se quedaron estáticas.

-¿Qué pasa? –

Pregunté cuando nos separamos, ella respiraba con dificultad.

-Yo no sabía… que esto podía sentirse bien… –

Akane dijo eso, luego comenzó a darme pequeños besos en los hombros y el cuello, tímidamente, apena tocándome con sus labios. Yo llevé una mano a su entrepierna, ahora desnuda, y comencé a acariciarla por n medio de sus dedos. Ella oprimió cariñosamente mi mano con la suya, mientras comenzaba a gemir de forma incitante.

-¿Duele? –

Pregunté, ella tomó aire para responder.

-No… me gusta… mucho… –

Puse una mano en su trasero, pero detuve mis caricias en su vagina.

-Si quieres que siga, tienes que pedírmelo… –

Akane me miró.

-Por…. Favor… si… sigue… –

Pidió, evidentemente avergonzada porque la estaba forzando a pedírmelo, pero cuando seguí, ella suspiró aliviándose, y comenzó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás.

-Que buena eres, Akane. –

-¿Soy buena? –

Preguntó ella, mimosa.

-Si… muy buena… la mejor… –

Y como ella parecía querer venirse de nuevo, bajé el ritmo para evitarlo, ella no entendió que estaba pasando, todavía estaba disfrutándolo demasiado, pero sintió un cambio y me miró con los ojo llorosos.

-Yo… quiero que me comas… –

Comentó ella, entendiendo que necesitaba un estímulo más intenso si quería terminar.

-Tenías que usar mi apodo, te dije… –

Respondí, besándole el cuello.

-Señor lobo… cómeme por favor… –

-¿Un poco más? –

Pregunté, acariciándola cada vez más lento. Ella sintió que el placer se estaba escapando y comenzó a desesperarse.

-No… no… por favor, señor lobo… cómeme por favor… –

-Pero no estabas lista… –

Repliqué, sonriendo. Sentí que estaba bien si la atormentaba un poco con ello. Akane me miró con lágrimas en la cara roja por la excitación y la desesperación.

-No… no importa… ahora lo quiero… por favor… –

Akane separó sus piernas y se subió sobre mis rodillas, ahora estábamos a escasos centímetros uno del otro, pude sentir sus pezones rozar contra mi pecho.

La abracé por la cintura y la atraje hacia mí. Ella comenzó a restregar su entrepierna contra la mía.

-Tal vez si lo suplicas… –

Comenté, Akane asintió. La tomé de una mano y comencé a olfatear su brazo. Ella se apresuró a hablar:

-Te lo suplico… señor lobo… por favor… si no lo haces… me volveré loca… –

Le di un beso para callarla.

Le dije que un día tendría que suplicarme que lo hiciera, bien, ahí lo tenía, me gustaría haberla grabado, quizá en otra ocasión.