Haru no Yurei San Capitulo 4 «Acuerdos Problemáticos»

Hablando de eso, cuando llegué a mi casa, Kamine estaba parada cerca de la ventana, haciendo como que veía algo con su teléfono. Cuando me acerqué, ella fue hasta mí.

–Shhh, no digas nada, ellas están hablando… –

Explicó.

–¿Y porque no debo decir nada? ¿Qué tiene de malo? –

Pregunté, ella me hizo agacharme por la fuerza.

–De verdad que no tienes ni un poco de tacto ¿eh? Están haciendo acuerdos, la cosa se ha puesto muy interesante. Ahora estaban hablando de a quien le toca que cosa de los quehaceres. –

–¿Desde cuándo estás aquí? –

Pregunté, algo extrañado.

–Desde que comenzaron, si entras, arruinarás todo… así que se buen chico y espera aquí… –

Me dijo ella. Yo encogí de hombros y me quedé allí un momento. Kamine me miró y soltó una risita.

–Si hubieras llegado antes, las habrías visto ponerse emocionales. No sé qué fue lo que esa cosita linda le dijo a las otras dos, pero incluso tu princesita le abrazó y le dijo “todo va a estar bien, cuidaremos de ti.”–

Dijo eso haciendo una imitación tonta de la voz de Akane. Luego se rio.

Yo no me reí. Yo no podía reírme de algo así porque sabía lo que Kurimo les había dicho.

Por como escuchaba, a Kurimo le tocaba la limpieza, a Sanae le tocaban las compras, a Akane, la cocina. Creo que a Kurimo no le agrada mucho cocinar, o no tiene confianza todavía. Sé que Sanae no cocina.

Por más que me alegrase de que se llevaran bien, algo dentro de mí me dijo que yo realmente sobraba en esa casa, y eso me hizo sentir miserable.

–Esto es ridículo… –

Dije, y quería ponerme de pie, Kamine me jaló.

–No, no, espera… también han acordado los horarios, le toca a una cada día, pero no se de quien es el turno, quizá sea una buena idea averiguarlo… aunque supongo que tu princesa lo tomará para ella misma. Eso es abuso de poder, castígala. –

–No voy castigarla, estoy harto de escuchar esa palabra para la intimidad. En serio. –

Le dije, en parte acalorado porque ella me lo dijera así. En parte un poco fastidiado porque últimamente había escuchado demasiado esas palabras y comenzaban a fastidiarme.

–¿Eh? ¿Y qué va a ser de mi prima? Ella quiere vivir castigada… –

Replicó Kamine.

–Ella es un caso especial. –

Respondí, Kamine sonrió.

–Dime que tienes ya un cuarto para ella… por lo que escuché, todas tienen sus cuartos. –

–Ya lo tengo. –

–Genial. Ella ha estado emocionada desde el día en que se lo dijiste. Prométeme que me dejarás estar allí para su “bienvenida”–

Dijo Kamine emocionada.

–No creo que Akane te deje, y por otro lado, tú estabas asustada la última vez que viste algo así. –

Le contesté, Kamine negó con la cabeza.

–No me asusté por eso, me asusté porque pensé que la habías obligado. Pero ella me dijo después de un tiempo que fue su idea en realidad. –

Explicó Kamine.

–Como sea… háblalo con Akane. No creo que ella quiera. –

–Me pregunto qué diría Mizore si te escucha hablar así. –

Preguntó ella girando la mirada. Algo me decía que Mizore había sido muy detallada cuando habló con ella.

–No sé qué es lo que vaya a decir, pero más le vale cuidar su lengua. –

Respondí, e hice una seña con la mano.

–O habrá castigo… –

Agregué. Ni que decir tenía. Con Mizore era un caso especial.

–Uy… que malo… –

–De acuerdo, ya terminaron, voy a entrar. –

Dije. Kamine me guiño el ojo.

–Descubriré de quien es el turno de acuerdo a la fuerza con la que griten. Esfuérzate. –

Yo batí la cabeza y entré a mi casa. Las tres estaban sentadas en la sala. La primera que reclamó fue Sanae.

–Llegas tarde. –

–Estoy aquí desde hace un rato, pero no quería interrumpir su reunión. Lo único que necesitaban es que yo me esfumara ¿no es cierto? –

Hice parecer que estaba ofendido. Kurimo y Akane se pusieron de pie.

–Estamos tratando de ser maduras aquí… –

Respondió Akane.

–¿Qué tiene de maduro esta situación?–

Pregunté. Sanae volvió a quejarse.

–No se puede hablar bien si estás aquí. –

Se quejó. Ya iba viendo de quien era el turno. Kurimo se puso de pie entonces.

–Yo… no puedo ser clara cuando estás cerca. No dejo de pensar en ti, en lo que vas a decir de mí, en si digo tal o cual cosa, en si tal vez no uso las palabras correctas… no puedo… –

Explicó ella. Esa era una buena razón. Asentí con la cabeza.

–Entiendo… –

–Te juro que, de todos modos, hicimos nuestros acuerdos pensando en tu bienestar. Bueno, al menos, yo si lo hice… no hay nada en ellos que no quieras hacer… todo es para ti. –

Explicó luego.

–En eso ella tiene razón… –

Dijo Akane, y acercándose a mí. Me dio un beso en la mejilla.

–Bienvenido a casa. –

Dijo. Kurimo se acercó después, con la cabeza agachada, se estiró un poco para hacer lo mismo.

–Bienvenido a casa… –

Dijo con una vocecita, y luego besó mi mejilla. Akane sonrió, yo sonreí. Kurimo se cubrió la cara, que estaba roja de vergüenza.

–Ahora tu… –

Dijo Akane a Sanae.

–¡Yo no puedo hacer eso! –

Se quejó.

–Hazlo… –

Repitió Akane. Parecía una orden. Sanae se acercó titubeando.

–Bienvenido a casa… –

Dijo, pero antes de besarme, se dio la vuelta.

–¡Imposible! Es muy vergonzoso. –

–Pero no te molestó hacerlo frente a tus padres. –

Se quejó Kurimo.

–¡Era una ocasión especial! –

Se quejó.

–Ahora también es una ocasión especial. De hecho, tu vida va a estar llena de ocasiones especiales de ahora en adelante. –

Explicó Akane.

–Perdónenmelo esta vez… prometo que… –

Y ennudeció, me miró a los ojos, como suplicando que intercediera por ella, pero es que ellas habían hecho este acuerdo sin mí.

Yo solo encogí de hombros. Tuve la impresión de que si decía algo alguna iba a enfadarse. Así que solo fui a la sala y me senté en el sillón.

–Yo, tengo que hacer la cena. Y voy a tardarme un poco todavía. Hatami–san tiene una sorpresa para ti, sé que te gustará, pero… tiene que esperar… –

Anunció Akane y se dio la vuelta.

-Bien, en tal caso, creo que iré a… –

Akane se volvió y me puso una mano en el hombro.

-Oye tu… ¿A dónde crees que vas? –

-Bueno yo… –

-Estas esperando a alguien. –

Respondió Akane, y puso las manos en la cintura.

-¿Eh? –

Pregunté. Era la primera vez que escuchaba algo como eso.

Bueno. No, no era la primera vez que lo escuchaba. Era martes. Pero con todo lo que pasó, había olvidado algo importante. Sanae y Kurimo bajaron después de eso.

-Bueno, nosotras nos vamos, vamos a ir al centro comercial. –

Comentó Sanae. Kurimo me miró con una sonrisa.

-¿Van a salir juntas? –

Pregunté. Kurimo asintió. Sanae explicó después.

-Bueno, ni ella ni yo tenemos algunas cosas. Cosas de uso diario. –

-No dio tiempo… de hacer maletas. –

Comentó Kurimo. Imagino que hablaban de cosas como cepillo de dientes, ropa interior, shampoo y algunas cosas parecidas. Akane trajo todo eso de su casa cuando vino, y lo que faltaba lo fuimos comprando con el tiempo.

-Además Minase va a venir con nosotras. –

Agregó Sanae.

-Ah, entiendo. Tarde de chicas entonces. –

Kurimo bajó la cabeza, pero Sanae infló el pecho orgullosamente.

-Si, por eso no podemos llevarte. –

Dijo Sanae. Sonaba a provocación, pero no dije nada. Seguro que esas cosas le gustaban mucho a alguien como ella.

-Perdón… –

Se disculpó Kurimo.

-No tiene nada de malo, al contrario, resulta incluso encantador. –

Respondí. No quería decirle que me agradaba que pareciera estarse llevando bien con Sanae. Ahora que, een medio de todo esto, también entendí que había sido idea de Akane.

Después de que salieron fui a la cocina.

-¿Es hoy? –

Pregunté. Ella estaba cocinando.

-Claro que es hoy. No vayas a decir que lo habías olvidado. –

Ella sabía que yo lo había olvidado.

-Bueno, es que pasaron muchas cosas. –

Respondí.

-Como sea, no debe tardar. –

Respondió Akane. Y siguió en lo suyo por un momento. Estaba empezando a ponerme algo nervioso. No sé muy bien por qué.

-No quiero que lo hagas en mi cama. –

Dijo Akane después de unos momentos.

-¿Eh? ¿Y dónde se supone que será? –

Pregunté. Akane volteó a verme enfadada.

-No sé… pero en mi cama no. –

Repuso ella. Y se giró.

-No puedo simplemente entrar a la habitación de Sanae. Ya no es mi alcoba. Mucho menos en la de Kurimo. Estas cosas son así. –

Expliqué. Me parecía que sería una falta de respeto, si es que algo me quedaba de decencia.

-Tienes una habitación extra. Hazlo allí. –

Dijo ella.

-No puedo hacer eso. Ni siquiera tiene muebles. –

Me quejé.

-Pues no te importó mucho cuando llegaste allá y lo hiciste conmigo. Quizá después de todo si te gusta ella. ´por eso es que quieres portarte bien.  –

Respondió Akane. Yo suspiré y le puse una mano en el hombro.

-Akane, si estas enojada por esto, tal vez no es una buena idea. –

-¿Te estas retractando? –

Preguntó Akane, esta vez furiosa.

-No pero… –

Ella me miraba ya enfadada, así que supuse que lo mejor, era calmarla un poco. Coloqué una mano en su hombro y puse mis labios sobre los suyos.

-No quiero que te enfades… es eso.  –

-No es contigo. –

Respondió Akane, y tomando su celular me mostró un mensaje.

“Si yo fuera tú, lo disfrutaría ahora mientras puedo. Porque una vez que haya estado conmigo, no querrá a ninguna otra, te lo juro. Estoy tan emocionada que no puedo pensar con claridad, pero eso no necesito decírtelo ¿Cierto? ¿Lista para ser dejada de lado?”

Miré el mensaje por unos momentos. Admito que a mí también me hizo enfadar un poco, más que nada porque estaba tratándome a mí como si fuera fácilmente impresionable. Admito que me gusta el sexo pero no es tanto así.

-¿Y si tiene razón? Y yo no te satisfago en realidad…  –

Preguntó Akane.

-No la tiene. Y admito que me agrada hacerlo, pero… en cierto modo, eso queda fuera de las razones por las que eres mi esposa en realidad Akane. Es solo una chica tonta y si no fuera porque tú me lo pediste, yo ni siquiera recordaría que existe. –

-¿Me prometes que no te vas a enamorar de ella? –

Preguntó Akane.

-¿Por quién me tomas? A veces siento que no me conoces, Akane. –

¿Cómo es que ella podía, con todo lo que había pasado, sentir inseguridad ahora? Es decir, sé que está en su misma escuela y todo. Seguramente siempre está allí molestándola pero… ¿Por qué Akane realmente le creía? Luego de todo lo que habíamos pasado juntos, no tenía sentido para mí.

Bueno, es que yo no soy una chica.

Suspiré.

-Tal vez tengas razón…. –

Comentó Akane. Siguió cocineando.

-¿Sabes? Cuando estaba en el colegio, mucho antes de conocerte, tenía una amante… o más bien yo era el amante. Ella tenía novio. Era mayor que yo, y… decía que le gustaba. –

Akane me miró, un rastro de celos cruzó por su cara, porque ella no sabía por qué estaba contándole yo esas cosas.

-El caso es que… yo siempre tuve la idea de que no era lo suficientemente bueno para ella. A pesar de todo lo que hacía. Creo que ese comportamiento fue lo que hizo que ella se alejara. –

-¿Estas insinuándome que vas a alejarte de mí? –

Preguntó Akane, con el cuchillo en las manos. Cortó un par de zanahorias luego.

-Estoy insinuándote que estás viéndolo del modo equivocado. Aprendí muchas cosas con ella, eso que tanto te gusta, por ejemplo… Pero al final del día, ella se olvidó de mí no porque fuera malo en el sexo. Al final, eso era secundario y yo no lo entendí. Eso es lo que quiero que entiendas tú. –

-Con lo… aprehensivo que eres, resulta difícil de creer. –

Comentó Akane, abriendo el grifo y comenzando a lavar algunos vegetales.

-Puede ser, pero soy así porque eres tu… no al revés. –

Respondí. Y le toqué el trasero. Comencé a acariciarlo, ella tuvo problemas para continuar concentrada.

-Estoy cocinando. –

Se quejó Akane, pero no hizo ningún movimiento ni intentó detenerme.

-Ignórame… –

Respondí. Akane comenzó a balancearse y su respiración se aceleró.

-¡No puedo! –

Se quejó ella, metí mi mando en medio de sus piernas desde atrás. Akane tenía problemas para permanecer de pie.

-Basta…. Por favor… –

-Ah… quiero meterla ahora… ¿estás segura de que va a llegar pronto? –

Me quejé, acariciando su vagina con fuerza que se mojó enseguida.

-No sé… no sé nada… –

Akane estaba a punto de entregarse cuando sonó el timbre de la casa. Se apartó de mi como pudo.

-Basta… basta… después haré lo que quieras, lo prometo… –

-Meh… espero que valga la pena. –

Dije. Akane me tomó del brazo y me sacó de la cocina. Luego suspiró y abrió la puerta. Era Habara. Se había arreglado mucho para mi gusto, pero no dije nada.

-Hola. Que gusto… –

Comentó Akane, tratando de parecer alegre.

-Ya ves… una va a donde están las oportunidades y…  –

Volteó a mirarme.

-Vaya… se ve bien… –

Comentó, incluso se relamió. No lo sé. Una mujer experimentada no intenta aparentar que la tiene, sino todo lo contrario.

-Gracias. –

Respondí, Akane asintió con la cabeza. Habara se volvió a Akane.

-No te importa si hablo con él un momento ¿verdad? Ya sabes, para entrar en calor y eso. –

Explicó Habara, tallándose las manos, como impaciente.

-No puedes empezar sin mí. Prometiste que me mostrarías. –

Se quejó Akane. Habara suspiró.

-Claro… solo quiero conocerlo un poco, ya sabes, antes de hechizarlo… ya que te lo voy a quitar… –

Rebosaba de confianza.

Más de la normal.

Es decir, se notaba que todos los términos habían sido acordados antes de que ella estuviera aquí. Yo podía darme cuenta de que toda su confianza se debía a que ella tenía confianza en su acuerdo con Akane, no en su propia belleza.

No diré que era fea. Tampoco era gorda. Era casi tan delgada como Kamine, por poner un ejemplo, solo que sus caderas eran más amplias. Pero… aparte de ser relativamente sociable, no había nada en ella que me dijera que realmente tenía toda esa experiencia que quería aparentar.

Otra cosa es que yo había estado con mujeres ya muy experimentadas, como la madre de Mizore, por poner un ejemplo.

-Pueden hablar aquí. ¿Es algo que quieres decirle en privado? –

Preguntó Akane, poniendo una sonrisa.

-Si… sería mejor. No te preocupes, prometo no tocar nada hasta que no estés allí. –

Dijo ella, sonriendo amigablemente.

-De acuerdo, usen el cuarto de arriba. El que no tiene muebles. –

Respondió Akane, y volvió a entrar a la cocina.

-Bien. –

Dijo Habara y entonces, se volvió a mí.

-Vamos, chico genial… –

Me dijo.

Yo asentí y la guie por las escaleras. Me sentí un poco como los gladiadores de esa serie que vi. Pero no importa.

-Y… ¿Qué tal? ¿Me encuentras linda? ¿Esta falda me queda bien? –

-Un poco… –

Respondí.

-Vamos, no seas tan tímido. Puedes decirlo. –

Respondió Habara.

Ya veo. Estaba tratando de encontrar un poco de seguridad ahora. Estaba tratando de averiguar si yo la encontraba de mi gusto. Si ella se sintiera tan atractiva, no tendría necesidad de esos comentarios.

-Algo… –

Respondí. Y entramos al cuarto. Ella miró hacia atrás como para cerciorarse de que no la habían seguido, y después de eso, cerró la puerta del cuarto. No había más que un pequeño mueble aquí. Y un tapete. Una vez que la puerta estuvo cerrada, Habara se colgó de la manija por unos momentos.

Luego se volvió hacia mí, con lágrimas en los ojos.

-Ayúdame. –

Dijo en voz baja.

-¿Qué? –

Pregunté, más que nada porque no entendí a qué se refería.

-Ayúdame, por favor, te lo ruego… yo… soy virgen. –

*****

Este capítulo ha sido posible gracias a la invaluable ayuda de mis patreon:

Guto Yobu.

~~Caliiche